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Novela Conjunta

X (Momento en el que toman la decisión de colaborar con el alienígena)

Esther Estrada

Aquella noche fue crucial para el resto de nuestras vidas. Durante horas estuvimos discutiendo qué decisión íbamos a tomar. A veces, uno prefiere suspender el juicio y dejar pasar el tiempo, confiando que las cosas se resuelvan sin tomar parte alguna en el problema. Así me sentía yo aquella noche. “El extraño”, como habíamos bautizado al ser que se nos apareció en la cubierta del barco aquella mañana, nos había dejado de plazo veinticuatro horas. Abel lo tenía muy claro, aunque corriéramos mucho peligro, había que volver a Rusia, y obedecer las curiosas normas que el extraño nos había indicado. Ante el estaba Dimitri, que se oponía firmemente a la opinión de Abel. Decía que si no cumplíamos esa especie de misión y verdaderamente se desencadenaba una tercera guerra mundial, partíamos con cierta ventaja respecto al resto de la humanidad. Conocíamos lo que iba a pasar y, con los primeros indicios, nos largaríamos al polo opuesto del mundo. Iván estuvo distinto esa noche. Permanecía sentado en una silla puesta del revés, con la barbilla apoyada en el respaldo, callado. Intervino poco en la discusión, y casi sus únicas palabras fueron para decir que el haría lo que nosotros decidiéramos. El ya no tenía nada que ganar ni nada que perder, dijo. Ante esta postura, la decisión estaba en mis manos. Éramos tres y dos ya habían opinado. Di vueltas y vueltas en el camarote en el que nos encontrábamos, salí a cubierta, y por fin entre. “Hay que hacerlo”, dije mientras los demás me miraban fijamente. Pensé que no era el momento de argumentar mi decisión, así que cogí a Dimitri, que estaba rojo de ira, del brazo y me lo llevé a cubierta. El si necesitaba una explicación.

 

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